El Mes de la Seguridad Laboral representa una oportunidad clave para reforzar la cultura preventiva en las organizaciones y recordar que la seguridad y salud en el trabajo no deben entenderse como una obligación puntual, sino como un compromiso permanente. Cada decisión, cada procedimiento y cada equipo de trabajo influyen directamente en la protección de las personas.
En este contexto, los trabajos en altura siguen siendo una de las principales causas de accidentes laborales, y dentro de ellos, la escalera de mano destaca como uno de los equipos más utilizados y, al mismo tiempo, más infravalorados en cuanto a su nivel de riesgo.
La escalera de mano: un equipo de trabajo con riesgos reales
Por su versatilidad y facilidad de uso, la escalera de mano suele percibirse como un equipo “seguro por defecto”. Sin embargo, esta percepción es errónea. En el ámbito laboral, la escalera de mano es un equipo de trabajo regulado, cuyo uso indebido incrementa de forma significativa la probabilidad de accidentes.
Sectores como la construcción, la industria, la logística, el mantenimiento, la electricidad o el sector agrícola recurren de forma habitual a este tipo de equipos. En muchos casos, su utilización se realiza sin una evaluación de riesgos previa, sin formación específica o sin autorización expresa, lo que genera situaciones de alto riesgo.
Entre los principales peligros asociados al uso de escaleras de mano se encuentran:
Caídas a distinto nivel.
Riesgo eléctrico, especialmente con escaleras conductoras.
Caída de objetos sobre personas.
Pérdida de estabilidad por apoyos inadecuados o superficies irregulares.
Fallos estructurales por falta de mantenimiento.
Selección, mantenimiento y formación: la base de la prevención
Reducir los riesgos no depende de un único factor, sino de una estrategia preventiva integral, basada en tres pilares fundamentales:
Selección adecuada del equipo:
La escalera debe elegirse en función de la altura de trabajo, el entorno, el tipo de tarea y la duración de la actividad. No todas las escaleras sirven para todos los usos, y una elección incorrecta puede derivar en situaciones de grave peligro.
Mantenimiento periódico:
Las escaleras deben someterse a revisiones periódicas, como mínimo semestrales, para comprobar el estado de los peldaños, largueros, herrajes, tacos antideslizantes y sistemas de estabilización. El uso de escaleras deterioradas o incompletas supone un incumplimiento grave de las normas de seguridad.
Formación específica:
El trabajador debe conocer los riesgos asociados, las limitaciones del equipo y las medidas preventivas. La formación no solo transmite conocimientos, sino que implica activamente a la persona en su propia seguridad.
Normativa técnica y legal aplicable
La norma UNE EN 131 establece los requisitos técnicos para las escaleras de mano, diferenciando entre uso doméstico y profesional. Las escaleras de uso profesional deben cumplir mayores exigencias de resistencia, durabilidad y estabilidad.
Un aspecto clave es el ensayo de adherencia de tacos y estabilizadores, que garantiza la correcta fijación de la escalera sobre superficies lisas. La ausencia de estos elementos o su mal estado compromete seriamente la seguridad.
Desde el punto de vista legal, el Real Decreto 1215/1997 y el RD 2177/2004 regulan el uso de equipos de trabajo en altura, prohibiendo escaleras improvisadas o de madera repintadas, y estableciendo medidas obligatorias de protección cuando se superan determinadas alturas.
El Mes de la Seguridad Laboral nos recuerda que la prevención no es una responsabilidad individual, sino una tarea compartida entre empresa y trabajadores. Apostar por equipos adecuados, revisiones periódicas y formación continua permite reducir accidentes, proteger la salud de las personas y fortalecer la cultura preventiva.
La seguridad no es una opción puntual. Es una decisión diaria que salva vidas.
